martes, 20 de mayo de 2014

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Hoy tenemos con nosotros a Antonio Fernández: @aflabor

Antonio Fernández @aflabor



Su Bio en 140 caracteres: 


"Mi nombre es Antonio Fernández (Tarragona, 1978) y actúo en la web mediante la marca AFLaborHe decidido abrir este blog porque considero como un deber ético la divulgación de una parte de mi conocimiento de forma altruista".

Profesor/investigador del Área de Sociología de la URV. Ha impartido docencia en el Grado de Relaciones Laborales y Ocupación, en las asignaturas “Sociología del Trabajo” (cursos 2009-2010, 2010-2011 y 2011-2012), “Habilidades del Técnico en Relaciones Laborales y Ocupación (Módulo sobre técnicas de estudio y aprendizaje)” (curso 2012-2013 y 2013-2014) y "Sistemas Laborales Comparados" (curso 2013-2014). También ha participado en el Módulo Laboral del Curso de Especialista Universitario en Gestión de Pymes (curso 2010-2011) organizado por la Fundación URV.

Además es autor del libro: «Los procesos de selección de personal en la empresa privada: claves jurídicas», que acaba de publicar la editorial Lexnova.


Esta sección trata de acercar a la persona y no al "personaje" y por ello me alegro mucho de presentar la historia de hoy...

Nunca digas nunca jamás.

Anuncio Escuela de Detectives de 1917.

Corría el año 1996, estaba acabando el COU y tocaba escoger carrera. Afortunadamente, en mi casa había libertad para elegir los estudios y posibilidades para escoger universidad.
Los test que nos pasaron los psicólogos en años anteriores dictaminaban que un servidor tendría un buen desempeño en tareas artísticas y literarias. “Te morirás de hambre” me dijo el jefe de estudios cuando le comenté que quería estudiar la Licenciatura en Historia.

Por aquel entonces, no existía internet ni había apenas opciones para contrastar si una carrera era de una manera o de otra, si tenía buena salida laboral o no. Tenías que conformarte con tener la suerte de conocer a alguien que la hubiera cursado con anterioridad. Por el centro educativo habían desfilado diferentes antiguos alumnos que nos habían impartido una serie de charlas explicándonos sus respectivas carreras universitarias. Algo es algo.

Finalmente, en un folleto o guía donde aparecían todas las carreras que se podían cursar en Cataluña, encontré la que sería mi mejor opción: el título propio (no oficial) de “Graduado en Investigación Privada” de la Universidad de Barcelona (UB). Tres cursos estudiando una carrera que era la única que te daba acceso a la profesión de detective privado y, según la misma propaganda, a otros puestos de trabajo en el sector de la seguridad privada.
Me informaron de que una conocida estaba estudiando el Graduado en Criminología en esa misma universidad. La chica me dijo que la carrera “estaba bien” y que ella tenía pensado cursarla cuando acabase ya que ambos estudios compartían muchas asignaturas y te convalidaban bastantes créditos.
Pues bien, me pasé tres años estudiando en Barcelona, una ciudad desconocida para mí, y me saqué el título. No continué con el Graduado en Criminología porque quería trabajar cuanto antes y, además, me parecía (y me sigue pareciendo) un timo de carrera en cuestión de salidas profesionales reales. No contemplaba volver a estudiar nunca más y así lo manifesté en público varias veces.

Tenía 21 años. Me saqué el permiso de conducir y a los dos meses ya estaba trabajando en la mayor agencia de investigación de España. Esto queda muy chulo así explicado pero la realidad era que el trabajo implicaba una serie de condiciones que no me satisfacían: muchas horas, mucho estrés, cada día en un sitio distinto, trabajo en días festivos, peligro para mi integridad física, peligro para la integridad física de mi familia, etc. Me preocupaba, en especial, el hecho de que no  podría seguir el mismo ritmo cuando tuviera más edad. Lo mejor fue el excelente equipo humano con el que trabajé y el dinero que gané y que ahorré obligatoriamente porque trabajaba tanto que no tenía tiempo de gastarlo.

Al año y poco más me fui de la empresa. Creo que fue en mayo de 2001.
Los años que siguieron los he empezado a denominar desde hace poco “mi descenso a los infiernos particular”. Tenía un título universitario no oficial que ninguna empresa valoraba en absoluto excepto, claro está, los despachos de detectives. Mi entorno presionaba bastante. No entendían porqué no quería trabajar de algo que había estudiado. Acabé trabajando en una fábrica como operario a turnos (mañanas, tardes, noches y festivos). Las mismas conversaciones una y otra vez: por qué estás aquí si tienes estudios, yo si fuera tú haría esto, haría lo otro, etc. En fin, los “expertos en orientación laboral” que te encuentras por todas partes.

Un día, me encontré por la calle a mi antiguo jefe de estudios. Le dije que trabajaba conduciendo una carretilla elevadora y que estaba pensando en volver a estudiar una carrera. Me animó a que lo hiciera. Un amigo, graduado social, me habló de la carrera de Relaciones Laborales. Me informé bien, me gustó y me matriculé.
En septiembre de 2003 empecé de cero y creo que fue la mejor opción que pude tomar.

Conclusiones:

  • Nunca digas nunca jamás.
  • Nos puede gustar mucho un determinado trabajo o profesión pero en ocasiones las condiciones de ese sector no son aceptables.
  • Hay que informarse bien de las carreras universitarias y de sus posibilidades reales de trabajo posterior. La universidad siempre te lo pintará todo muy bonito e, incluso, puede que te intente engañar en ese aspecto.
  • No pasa nada si empiezas una carrera y a mitad de camino compruebas que no te satisface porque siempre estás a tiempo para cambiar el rumbo. 
  • No obstante, prepárate para el bombardeo de chorradas que tendrás que oír por parte de la mayoría de la gente.
Puedes seguir las aventuras de este autor en su blog: 

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